Sociología.
Licenciatura en Enfermería. AMEMT/UNCPB
Clase 1.
¿Qué esperar del estudio de sociología de
la salud?
El propósito de esta materia y de los encuentros que
vamos a tener es politizar la enfermería, ello lo vamos a lograr a partir del
acercamiento a una serie de conceptos y corrientes de pensamiento a través de
los cuales podamos dar cuenta de las relaciones entre sujeto-sociedad-cultura. Lo
que buscaré es poner a su disposición un herramental teórico para pensar la
enfermería en tanto práctica social que define posiciones de sujeto
específicas. Posiciones (como la de enfermero o paciente) que adquieren
significación en la medida que las comprendemos dentro de una estructura de
relaciones sociales; esto es, inmersas en condiciones económicas y dinámicas de
diferenciación e identidad.
Existen tres preguntas fundamentales que abren y
articulan el campo de la sociología: ¿qué es una sociedad? ¿qué es un sujeto?
¿cómo puedo conocerlos? Estas preguntas son articuladoras de las nociones de
todo paradigma teórico que busque responderlas. Es decir, darles una respuesta
exige reconstruir los principales postulados de la teoría, teórico o paradigma
que se esté estudiando. Por eso, a partir de ellas se desarrolla el estudio de
los paradigmas clásicos de la sociología propuesto como contenido de la primera
unidad.
Una vez que se tiene conocimiento del campo de estudio
y los objetos de interés del conocimiento sociológico podemos problematizar en
qué medida nuestras prácticas profesionales construyen a nuestros objetos de
investigación. Ello permitirá incorporar tres nociones: saber que los objetos
de investigación no están ahí sino que hay que construirlos. Que la posición
como analista de una determinada problemática nunca es objetiva. Y que la
teoría debe estar fundamentada en datos.
Una vez vistos los principales elementos e
instrumentos teóricos una buena forma de retomar y repensar los temas vistos en
las primeras semanas de clase es acercarse a un enfoque contemporáneo de la
sociología: el constructivismo estructuralista de Bourdieu. La relevancia que
tiene este enfoque radica en que nos permite traer a la discusión y poner en
funcionamiento los temas nodales de las críticas de la sociedad y la cultura
(de la especificidad teórica que se quiera): A saber: en lo metodológico: La
reflexividad y la ruptura con el sentido común; en lo teórico: La noción de
ideología, las prácticas significantes y la estructuración social.
Después de esto la propuesta es enfocarse en el
desarrollo de la capacidad de análisis y argumentación por parte de ustedes. Lo
que busqué con esta última sesión o sesiones fue poner en funcionamiento los
conocimientos aprendidos a partir de la discusión de problemáticas específicas
y de profunda interpelación, tanto en su dimensión profesional como subjetiva:
estas problemáticas son: la justicia y la desigualdad. Todas en su relación con
la salud.
Considero que el recorrido que propongo permite un
acercamiento tanto los fundamentos como a la vanguardia del conocimiento
sociológico, con la característica de que se trata de un acercamiento orientado
a pensar problemas específicos de la salud en sus múltiples dimensiones. Esto
permite un anclaje del conocimiento basado en los intereses específicos de ustedes
como estudiantes de enfermería (en esto soy constructivista a nivel
pedagógico).
En este sentido, el horizonte de la materia es brindar
herramientas para que tomen conciencia de la manera como los problemas sociales
son constituidos en tanto tales, que comprendan, en esa misma lógica, que las intervenciones,
análisis e interpretaciones que desarrollan (y desarrollarán a nivel
profesional) sobre determinado problema son parte constitutiva de ese problema
y no una intervención experta expost o posterior.
Por esta misma razón la propuesta pedagógico didáctica
postula como de primera importancia la participación, el análisis, la
argumentación de ustedes respecto de las distintas situaciones y problemas a
abordar.
La posición que busco defender con esta materia es que
la sociología (lo que antes referí como el herramental teórico y metodológico)
apunta a desnaturalizar las prácticas. Todo tipo de prácticas. Las sociales de
manera general y aquellas vinculadas a la salud de manera específica. Pero ¿qué
implica desnaturalizar las prácticas? Implica tomar conciencia de que somos
sujetos insertos en la historia, esto es, inscriptos en estructuras económicas
y de sentido que nos construyen, pero de cuya reproducción nosotros somos
responsables. Este es un axioma importante para pensar la dimensión política de
la práctica profesional de la enfermería.
¿Qué es sociología?
Si
partimos del principio básico de que el
lenguaje tiene una economía precisa deberíamos sospechar que un significante no existe en vano. Es
decir, “sociología” refiere a algo específico, un “objeto” preciso. Por
sociología estamos aludiendo a cierto cuerpo
de conocimientos y prácticas que hacen a algo distintivamente
“sociológico”.
Cuando
vamos a una biblioteca y buscamos la sección de sociología ¿la encontramos cerca de qué otros saberes?
Historia, antropología, lingüística, economía, psicología, etc. Esta cercanía
alude a que ese cuerpo de conocimientos que es sociología comparte cercanía o intereses comunes con otros cuerpos de
conocimientos que a veces se ha denominado en sentido amplio “teoría social” o “ciencias sociales”.
Se trata de vínculos de cercanía de mayor intensidad entre esas disciplinas y
la sociología que entre la sociología y otros saberes como la química, la
astrofísica y la matemática… ahora bien ¿la
relación entre la sociología y la enfermería es de cercanía o de lejanía?
Comencemos
diciendo que la cercanía entre eso
que llamamos ciencias sociales
obedece a que son saberes que refieren “al
mundo hecho por el hombre”: (Cultura):
aquello que no existiría de no ser por las acciones de los humanos. Estas
materias de estudio, de maneras diversas, se
interesan por las acciones de los hombres y sus consecuencias. Pero
entonces, si exploran el mismo territorio ¿qué
las hace tan diferentes para justificar diferentes nombres?
1.
Una primera respuesta es: las divisiones entre los cuerpos de conocimientos
deben reflejar divisiones en el universo
que investigan. Pero, ¿nos parece sensato desde el punto de vista que la sociedad esté dividida en política,
economía, derecho, sociología?, es decir, ¿acaso vivimos un rato en cada uno de esos dominios? No obstante,
en buena parte somos capaces de separar
esos dominios de actividad en nuestra experiencia, y categorizar nuestras
acciones en términos de política en un momento y de economía en otro siguiente.
Pero ¿será que las acciones son en sí
mismas “diferentes” o será que nos enseñaron a hacer tales distinciones?.
Digámoslo de una vez:
“Lo
que conocemos no es el mundo en sí, sino lo que hacemos en el mundo en términos
de cómo nuestras prácticas se ven moldeadas por una imagen de ese mundo”
(Bauman y May: 14). Es un modelo que se arma a partir de ladrillos derivados de
las relaciones entre lengua y
experiencia. Entonces: no hay una
división natural en el mundo humano: hay división del trabajo entre estudiosos
que examinan las acciones humanas.
2
Entonces si las divisiones entre ciencias se definen por la división del
trabajo intelectual… ¿será el método
lo que hace diferentes a los cuerpos de conocimientos? No. Esos estudiosos (si
son académicos) tienen una actitud
similar hacia su objeto de estudio: es decir, el método no hace a la
diferencia sustancial entre saberes, pues todo
investigador va a procurar: reunir
información relevante y asegurarse de que
es válida por medio de mecanismos de control. Todos tratan de presentar sus propuestas con claridad y
de manera completa a fin de que puedan ser contrastadas
con la evidencia. Eso implica que se
esfuerzan porque sus propuestas sigan reglas lógicas y no tengan
proposiciones que se contradigan. En pocas palabras: todo investigador busca ser fiel a una idea de disciplina sistemática y
presentar sus hallazgos de manera responsable. Entonces no es el método.
3.
Tal vez la diferencia entre áreas del conocimiento pueda encontrarse en la clase de preguntas que motivan a cada
disciplina.
Pensemos
en la clase de preguntas que motivan a los economistas (la relación entre costo
y beneficio de las acciones humanas: cómo la acción humana administra recursos
escasos, por ejemplo). La ciencia política indagaría las acciones referentes a
la asimetría de poder e influencia.
La sociología visualiza
las acciones humanas como componentes de
configuraciones más amplias: es decir, como conjunto de acciones no azarosas entrecruzadas en redes de dependencia mutua. Los actores individuales se vuelven
visibles para un estudio sociológico en
tanto son miembros o partícipes de una red de interdependencia. Preguntas
del tipo:
¿de
qué manera los tipos de relaciones sociales hacen a las sociedades que
habitamos? O viceversa ¿la sociedad construye nuestras relaciones y acciones y
pensamientos?
¿qué
tanto y desde dónde nos vemos a nosotros mismos y vemos nuestro conocimiento,
nuestras acciones y sus consecuencias?
Es
esta clase de preguntas – parte de las realidades prácticas de cada día – la
que constituye el área particular de discusión sociológica.
¿Qué
es una sociedad? ¿Qué es un sujeto? ¿Cómo puedo conocerlos?.
Pensar sociológicamente también se
distingue por su vínculo con el “sentido común”:
“Todos
vivimos en compañía de otras personas e
interactuamos unos con otros. En ese
proceso desplegamos una enorme cantidad de conocimiento tácito que nos
permite enfrentar los asuntos de la vida
cotidiana. Sin embargo, lo que
logramos y lo que somos depende de lo que otras personas hacen. (Red de
dependencia mutua desconocida o invisible)
Aunque
estamos profundamente inmersos en
nuestras rutinas diarias, inspirados
por un saber práctico orientado a los escenarios sociales en los que
interactuamos, a menudo no nos detenemos
a pensar sobre el significado de lo que hemos atravesado y, con menos frecuencia nos detenemos a comparar nuestras experiencias privadas con el destino
de otros. No vemos la dinámica de
las relaciones sociales más allá de nuestra experiencia inmediata.
Esto
es exactamente lo que el pensamiento sociológico puede hacer por nosotros:
formular preguntas como ¿cómo se
entrelazan nuestras biografías individuales con la historia que compartimos con
otros seres humanos? Al mismo tiempo los
sociólogos son parte de esa experiencia. Así, por mucho que intenten
apartarse de los objetos de su estudio: las experiencias de vida como objetos
que “están ahí”, no pueden romper por completo con el saber que tratan de
comprender. Es decir, poseen una visión
interior y exterior de la experiencia que buscan comprender.
¿Creen ustedes que existe la objetividad
en la investigación?
Si el
sentido común nos dice que todo lo que nos rodea, así como las relaciones que
establecemos con los otros son “normales”, “naturales”, la sociología comienza cuando esa idea es cuestionada.
Según
Bourdieu “las posibilidades de
contribuir a la producción de la verdad dependen de dos factores principales, que están ligados a la posición que uno ocupa: el interés que se tiene en saber y hacer saber la verdad (o, por el
contrario, de ocultarla y ocultársela a sí mismo) y la capacidad de producirla. Conocemos el dicho de Bachelard: “No
hay más ciencia que la de lo oculto.” El sociólogo está tanto mejor armado para
descubrir lo oculto cuanto mejor armado esté científicamente, cuanto mejor
utilice el capital de conceptos, métodos y técnicas que han acumulado sus
predecesores —Marx, Durkheim, Weber y muchos otros— y cuanto más “crítico”
sea.”
¿Por
qué la sociología en particular crea problemas?
“Porque revela cosas ocultas y a veces reprimidas,
como la correlación entre salud y
clase social, o la del léxico en la escuela, que se identifica con la
“inteligencia”, con el origen social o, más bien, con el capital cultural
heredado de la familia. Estas son verdades que a los tecnócratas, los
epistemócratas —es decir, a muchos de los que leen sobre sociología y la
financian— no les gusta oír. Otro ejemplo: mostrar que el mundo científico es
el terreno de una competencia dirigida por la búsqueda de ganancias especificas
(premios Nóbel u otros, la prioridad del descubrimiento, el prestigio,
etcétera) y realizada en nombre de intereses específicos (es decir, que
no se pueden reducir a los intereses económicos en su forma ordinaria y se
perciben por ende como “desinteresados”) es poner en tela de juicio una
angiografía científica, en la que participan con frecuencia los científicos, y
de la cual necesitan para creer en lo que hacen” (Bourdieu).
“La
sociología se presenta como agresiva y molesta. Pero, ¿por qué es necesario que el discurso sociológico sea “científico”?
También los periodistas plantean preguntas molestas, y ellos no dicen
pertenecer al terreno de la ciencia. ¿Por
qué es decisivo que haya una frontera entre la sociología y un periodismo
critico?
Porque existe una diferencia objetiva. No es una cuestión de honor. Hay sistemas coherentes de hipótesis,
conceptos, métodos de verificación, todo aquello que se suele vincular con la
idea de ciencia. En consecuencia, ¿por qué no decir que es una ciencia, si lo
es? Además, está en juego algo muy importante: una de las maneras de deshacerse de las verdades molestas es decir que
no son científicas, lo cual significa que son “políticas”, esto es, suscitadas por el “interés”, la “pasión”,
y por lo tanto, relativas y relativizables”.
“Una
de las principales causas de error
en la sociología reside en una relación
no controlada con el objeto, o, para ser más exactos, reside en el
desconocimiento de todo aquello que en la visualización del objeto proviene del
punto de vista, es decir, de la
posición que se ocupa en el espacio social y en el campo científico.
Hay
algo más que decir respecto de la relación sociología-sentido común: los objetos
de la astronomía esperan ser nombrados: hay
pocos equivalentes sociológicos de fenómenos limpios, que no hayan sido
dotados ya de significado cuando aparecen los sociólogos con sus cuestionarios.
Aquellas acciones e interacciones
humanas que exploran lo sociólogos ya
han sido nombradas y han recibido la consideración de los propios actores y
son, por lo tanto, objetos del saber del
sentido común. Cada término sociológico ya está cargado de los
significados que le da el saber del sentido común.
“En la
física, resulta difícil vencer a un adversario esgrimiendo argumentos de
autoridad o, como aún sucede en la sociología, denunciando el contenido
político de su teoría. En aquel campo las armas del crítico deben ser
científicas para ser eficaces. En la
sociología, por el contrario, toda proposición que contradiga las ideas
aceptadas por todo el mundo se vuelve sospechosa de haber surgido de una
presuposición ideológica, una toma de posición política. Choca con
intereses sociales, con los intereses de los que son dominantes, cómplices del
silencio y del “buen sentido” (que
indica la que es, debe ser, y no puede ser de otra forma), con los
intereses de los portavoces, de los altoparlantes, que necesitan ideas simples,
simplistas, slogans. Por ello se le exigen mil veces más pruebas (lo cual, en
realidad, está muy bien) que a los portavoces del “buen sentido”. Y cada
descubrimiento de la ciencia pone en marcha todo un trabajo de “critica”
retrógrada, que cuenta con todo el orden social (créditos, puestos, honores, y,
por ende, la creencia) y cuyo objetivo es volver a cubrir lo que se había
descubierto”.
El resultado
de la indagación será descubrir el vínculo entre la biografía individual y el
más amplio proceso social.
Finalmente,
sociología y sentido común difieren en el
modo en que cada uno da sentido a la
realidad humana en términos de cómo comprenden y explican acontecimientos y
circunstancias. Creemos que somos los
“autores” de nuestras acciones. Creemos en la secuencia intención-decisión-resultado. Y por eso mismo creemos que nuestras acciones sirven de
modelo para interpretar otras acciones. En pocas palabras: tendemos a interpretar lo que ocurre en el
mundo como producto de la acción intencional de alguien. Buscamos a las personas responsables de
algo, y cuando las encontramos creemos que hemos concluido nuestra
investigación.
Pero la sociología comienza su examen a partir
de configuraciones (redes de dependencia) más que a partir de actores
individuales o acciones unitarias, Comprender el mundo humano –incluidos
nuestros propios, profundamente personales y privados, pensamientos y hechos- solo
puede hacerse en términos sociales. Pensar
sociológicamente es dar sentido a la condición humana a través de un análisis
de múltiples redes de interdependencia humana.
El poder del sentido común depende de su
carácter autoevidente: no
cuestiona sus preceptos y es autoconfirmante en su práctica. Cuando algo se
repite lo suficiente, tiende a volverse familiar y lo familiar es visto como autoexplicativo. No presenta problemas y
no despierta curiosidad alguna. La tarea
de la sociología es incomodar, volver extraño lo familiar.
Nadie
pregunta si la gente está satisfecha de que las cosas sean como son.
Seguidamente a esta reflexión viene la idea de que uno puede hacer poco por cambiar las condiciones en que actúa.
“En
contra de la regresión ordinaria del marxismo hacia el economicismo, que no
conoce más que la economía en el sentido restringido de la economía capitalista
y todo lo explica mediante esta definición de economía, Max Weber amplia el
análisis económico (en el sentido generalizado) hacia campos que suele descuidar
la economía, como es la religión. Así, caracteriza a la Iglesia, con una
magnifica formula, como detentadora del monopolio de la manipulación de los
bienes de salvación. Incita a un materialismo radical que busca los
determinantes económicos (en el sentido más amplio) en áreas donde reina la
ideología del “desinterés”, como el arte o la religión.
Lo
mismo ocurre con la noción de legitimidad. Marx rompe con la representación
ordinaria del mundo social al mostrar que las relaciones “encantadas” —como las
del paternalismo, por ejemplo— ocultan relaciones de fuerza. Weber parece
contradecir radicalmente a Marx: recuerda que la pertenencia al mundo social
implica una parte de reconocimiento de la legitimidad” (Bourdieu).
Por
eso planteamos pensar el mundo como texto: el mundo social es texto en la
medida que habilita distintas lecturas.
Hacer
sociología implica una actitud de
desconfianza frente a lo obvio. Y nada más obvio que la realidad.
“Hoy en día, entre la gente de quien depende
la existencia de la sociología, cada vez son más los que se preguntan para qué sirve. En realidad, las
posibilidades que tiene la sociología de desilusionar o de contrariar al poder
son tanto mayores cuanto mejor cumple su función propiamente científica. Esta función no es la de servir para algo,
es decir, para alguien. Pedir que la sociología sirva para algo es siempre una
forma de pedirle que esté al servicio del poder. Su función científica es comprender al mundo social, empezando por el
poder. Es una operación que no es socialmente neutra y que cumple
indudablemente una función social. Entre otras razones, porque no hay poder que no deba una parte —y
no la menos importante— de su eficacia
al desconocimiento de los mecanismos en los cuales se funda” (Bourdieu).
La
sociología ayuda a vivir la vida con mayor consciencia. Nos hace más sensibles
y tolerantes a la diversidad. Nos ayuda
a descubrir cómo esas cosas que se presentan como fijas, en tanto productos de
la acción humana están siempre abiertas a la transformación. Pensar sociológicamente
puede promover la solidaridad: una solidaridad basada en la comprensión y el
respeto mutuos.
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