jueves, 23 de abril de 2015

Clase 1. ¿Qué es la sociología?

Sociología. Licenciatura en Enfermería. AMEMT/UNCPB
Clase 1.
¿Qué esperar del estudio de sociología de la salud?
El propósito de esta materia y de los encuentros que vamos a tener es politizar la enfermería, ello lo vamos a lograr a partir del acercamiento a una serie de conceptos y corrientes de pensamiento a través de los cuales podamos dar cuenta de las relaciones entre sujeto-sociedad-cultura. Lo que buscaré es poner a su disposición un herramental teórico para pensar la enfermería en tanto práctica social que define posiciones de sujeto específicas. Posiciones (como la de enfermero o paciente) que adquieren significación en la medida que las comprendemos dentro de una estructura de relaciones sociales; esto es, inmersas en condiciones económicas y dinámicas de diferenciación e identidad.
Existen tres preguntas fundamentales que abren y articulan el campo de la sociología: ¿qué es una sociedad? ¿qué es un sujeto? ¿cómo puedo conocerlos? Estas preguntas son articuladoras de las nociones de todo paradigma teórico que busque responderlas. Es decir, darles una respuesta exige reconstruir los principales postulados de la teoría, teórico o paradigma que se esté estudiando. Por eso, a partir de ellas se desarrolla el estudio de los paradigmas clásicos de la sociología propuesto como contenido de la primera unidad.
Una vez que se tiene conocimiento del campo de estudio y los objetos de interés del conocimiento sociológico podemos problematizar en qué medida nuestras prácticas profesionales construyen a nuestros objetos de investigación. Ello permitirá incorporar tres nociones: saber que los objetos de investigación no están ahí sino que hay que construirlos. Que la posición como analista de una determinada problemática nunca es objetiva. Y que la teoría debe estar fundamentada en datos.
Una vez vistos los principales elementos e instrumentos teóricos una buena forma de retomar y repensar los temas vistos en las primeras semanas de clase es acercarse a un enfoque contemporáneo de la sociología: el constructivismo estructuralista de Bourdieu. La relevancia que tiene este enfoque radica en que nos permite traer a la discusión y poner en funcionamiento los temas nodales de las críticas de la sociedad y la cultura (de la especificidad teórica que se quiera): A saber: en lo metodológico: La reflexividad y la ruptura con el sentido común; en lo teórico: La noción de ideología, las prácticas significantes y la estructuración social.
Después de esto la propuesta es enfocarse en el desarrollo de la capacidad de análisis y argumentación por parte de ustedes. Lo que busqué con esta última sesión o sesiones fue poner en funcionamiento los conocimientos aprendidos a partir de la discusión de problemáticas específicas y de profunda interpelación, tanto en su dimensión profesional como subjetiva: estas problemáticas son: la justicia y la desigualdad. Todas en su relación con la salud.
Considero que el recorrido que propongo permite un acercamiento tanto los fundamentos como a la vanguardia del conocimiento sociológico, con la característica de que se trata de un acercamiento orientado a pensar problemas específicos de la salud en sus múltiples dimensiones. Esto permite un anclaje del conocimiento basado en los intereses específicos de ustedes como estudiantes de enfermería (en esto soy constructivista a nivel pedagógico).
En este sentido, el horizonte de la materia es brindar herramientas para que tomen conciencia de la manera como los problemas sociales son constituidos en tanto tales, que comprendan, en esa misma lógica, que las intervenciones, análisis e interpretaciones que desarrollan (y desarrollarán a nivel profesional) sobre determinado problema son parte constitutiva de ese problema y no una intervención experta expost o posterior.
Por esta misma razón la propuesta pedagógico didáctica postula como de primera importancia la participación, el análisis, la argumentación de ustedes respecto de las distintas situaciones y problemas a abordar.

La posición que busco defender con esta materia es que la sociología (lo que antes referí como el herramental teórico y metodológico) apunta a desnaturalizar las prácticas. Todo tipo de prácticas. Las sociales de manera general y aquellas vinculadas a la salud de manera específica. Pero ¿qué implica desnaturalizar las prácticas? Implica tomar conciencia de que somos sujetos insertos en la historia, esto es, inscriptos en estructuras económicas y de sentido que nos construyen, pero de cuya reproducción nosotros somos responsables. Este es un axioma importante para pensar la dimensión política de la práctica profesional de la enfermería.

¿Qué es sociología?
Si partimos del principio básico de que el lenguaje tiene una economía precisa deberíamos sospechar que un significante no existe en vano. Es decir, “sociología” refiere a algo específico, un “objeto” preciso. Por sociología estamos aludiendo a cierto cuerpo de conocimientos y prácticas que hacen a algo distintivamente “sociológico”.
Cuando vamos a una biblioteca y buscamos la sección de sociología ¿la encontramos cerca de qué otros saberes? Historia, antropología, lingüística, economía, psicología, etc. Esta cercanía alude a que ese cuerpo de conocimientos que es sociología comparte cercanía o intereses comunes con otros cuerpos de conocimientos que a veces se ha denominado en sentido amplio “teoría social” o “ciencias sociales”. Se trata de vínculos de cercanía de mayor intensidad entre esas disciplinas y la sociología que entre la sociología y otros saberes como la química, la astrofísica y la matemática… ahora bien ¿la relación entre la sociología y la enfermería es de cercanía o de lejanía?
Comencemos diciendo que la cercanía entre eso que llamamos ciencias sociales obedece a que son saberes que refieren “al mundo hecho por el hombre”: (Cultura): aquello que no existiría de no ser por las acciones de los humanos. Estas materias de estudio, de maneras diversas, se interesan por las acciones de los hombres y sus consecuencias. Pero entonces, si exploran el mismo territorio ¿qué las hace tan diferentes para justificar diferentes nombres?
1. Una primera respuesta es: las divisiones entre los cuerpos de conocimientos deben reflejar divisiones en el universo que investigan. Pero, ¿nos parece sensato desde el punto de vista que la sociedad esté dividida en política, economía, derecho, sociología?, es decir, ¿acaso vivimos un rato en cada uno de esos dominios? No obstante, en buena parte somos capaces de separar esos dominios de actividad en nuestra experiencia, y categorizar nuestras acciones en términos de política en un momento y de economía en otro siguiente. Pero ¿será que las acciones son en sí mismas “diferentes” o será que nos enseñaron a hacer tales distinciones?. Digámoslo de una vez:
“Lo que conocemos no es el mundo en sí, sino lo que hacemos en el mundo en términos de cómo nuestras prácticas se ven moldeadas por una imagen de ese mundo” (Bauman y May: 14). Es un modelo que se arma a partir de ladrillos derivados de las relaciones entre lengua y experiencia. Entonces: no hay una división natural en el mundo humano: hay división del trabajo entre estudiosos que examinan las acciones humanas.

2 Entonces si las divisiones entre ciencias se definen por la división del trabajo intelectual… ¿será el método lo que hace diferentes a los cuerpos de conocimientos? No. Esos estudiosos (si son académicos) tienen una actitud similar hacia su objeto de estudio: es decir, el método no hace a la diferencia sustancial entre saberes, pues todo investigador va a procurar: reunir información relevante y asegurarse de que es válida por medio de mecanismos de control. Todos tratan de presentar sus propuestas con claridad y de manera completa a fin de que puedan ser contrastadas con la evidencia. Eso implica que se esfuerzan porque sus propuestas sigan reglas lógicas y no tengan proposiciones que se contradigan. En pocas palabras: todo investigador busca ser fiel a una idea de disciplina sistemática y presentar sus hallazgos de manera responsable. Entonces no es el método.
3. Tal vez la diferencia entre áreas del conocimiento pueda encontrarse en la clase de preguntas que motivan a cada disciplina.
Pensemos en la clase de preguntas que motivan a los economistas (la relación entre costo y beneficio de las acciones humanas: cómo la acción humana administra recursos escasos, por ejemplo). La ciencia política indagaría las acciones referentes a la asimetría de poder e influencia.
La sociología visualiza las acciones humanas como componentes de configuraciones más amplias: es decir, como conjunto de acciones no azarosas entrecruzadas en redes de dependencia mutua. Los actores individuales se vuelven visibles para un estudio sociológico en tanto son miembros o partícipes de una red de interdependencia. Preguntas del tipo:
¿de qué manera los tipos de relaciones sociales hacen a las sociedades que habitamos? O viceversa ¿la sociedad construye nuestras relaciones y acciones y pensamientos?
¿qué tanto y desde dónde nos vemos a nosotros mismos y vemos nuestro conocimiento, nuestras acciones y sus consecuencias?
Es esta clase de preguntas – parte de las realidades prácticas de cada día – la que constituye el área particular de discusión sociológica.
¿Qué es una sociedad? ¿Qué es un sujeto? ¿Cómo puedo conocerlos?.

Pensar sociológicamente también se distingue por su vínculo con el “sentido común”:
“Todos vivimos en compañía de otras personas e interactuamos unos con otros. En ese proceso desplegamos una enorme cantidad de conocimiento tácito que nos permite enfrentar los asuntos de la vida cotidiana. Sin embargo, lo que logramos y lo que somos depende de lo que otras personas hacen. (Red de dependencia mutua desconocida o invisible)
Aunque estamos profundamente inmersos en nuestras rutinas diarias, inspirados por un saber práctico orientado a los escenarios sociales en los que interactuamos, a menudo no nos detenemos a pensar sobre el significado de lo que hemos atravesado y, con menos frecuencia nos detenemos a comparar nuestras experiencias privadas con el destino de otros. No vemos la dinámica de las relaciones sociales más allá de nuestra experiencia inmediata.
Esto es exactamente lo que el pensamiento sociológico puede hacer por nosotros: formular preguntas como ¿cómo se entrelazan nuestras biografías individuales con la historia que compartimos con otros seres humanos? Al mismo tiempo los sociólogos son parte de esa experiencia. Así, por mucho que intenten apartarse de los objetos de su estudio: las experiencias de vida como objetos que “están ahí”, no pueden romper por completo con el saber que tratan de comprender. Es decir, poseen una visión interior y exterior de la experiencia que buscan comprender.
¿Creen ustedes que existe la objetividad en la investigación?
Si el sentido común nos dice que todo lo que nos rodea, así como las relaciones que establecemos con los otros son “normales”, “naturales”, la sociología comienza cuando esa idea es cuestionada.
Según Bourdieu “las posibilidades de contribuir a la producción de la verdad dependen de dos factores principales, que están ligados a la posición que uno ocupa: el interés que se tiene en saber y hacer saber la verdad (o, por el contrario, de ocultarla y ocultársela a sí mismo) y la capacidad de producirla. Conocemos el dicho de Bachelard: “No hay más ciencia que la de lo oculto.” El sociólogo está tanto mejor armado para descubrir lo oculto cuanto mejor armado esté científicamente, cuanto mejor utilice el capital de conceptos, métodos y técnicas que han acumulado sus predecesores —Marx, Durkheim, Weber y muchos otros— y cuanto más “crítico” sea.”

¿Por qué la sociología en particular crea problemas?
Porque revela cosas ocultas y a veces reprimidas, como la correlación entre salud y clase social, o la del léxico en la escuela, que se identifica con la “inteligencia”, con el origen social o, más bien, con el capital cultural heredado de la familia. Estas son verdades que a los tecnócratas, los epistemócratas —es decir, a muchos de los que leen sobre sociología y la financian— no les gusta oír. Otro ejemplo: mostrar que el mundo científico es el terreno de una competencia dirigida por la búsqueda de ganancias especificas (premios Nóbel u otros, la prioridad del descubrimiento, el prestigio, etcétera) y realizada en nombre de intereses específicos (es decir, que no se pueden reducir a los intereses económicos en su forma ordinaria y se perciben por ende como “desinteresados”) es poner en tela de juicio una angiografía científica, en la que participan con frecuencia los científicos, y de la cual necesitan para creer en lo que hacen” (Bourdieu).
“La sociología se presenta como agresiva y molesta. Pero, ¿por qué es necesario que el discurso sociológico sea “científico”? También los periodistas plantean preguntas molestas, y ellos no dicen pertenecer al terreno de la ciencia. ¿Por qué es decisivo que haya una frontera entre la sociología y un periodismo critico?
Porque existe una diferencia objetiva. No es una cuestión de honor. Hay sistemas coherentes de hipótesis, conceptos, métodos de verificación, todo aquello que se suele vincular con la idea de ciencia. En consecuencia, ¿por qué no decir que es una ciencia, si lo es? Además, está en juego algo muy importante: una de las maneras de deshacerse de las verdades molestas es decir que no son científicas, lo cual significa que son “políticas”, esto es, suscitadas por el “interés”, la “pasión”, y por lo tanto, relativas y relativizables”.
“Una de las principales causas de error en la sociología reside en una relación no controlada con el objeto, o, para ser más exactos, reside en el desconocimiento de todo aquello que en la visualización del objeto proviene del punto de vista, es decir, de la posición que se ocupa en el espacio social y en el campo científico.

Hay algo más que decir respecto de la relación sociología-sentido común: los objetos de la astronomía esperan ser nombrados: hay pocos equivalentes sociológicos de fenómenos limpios, que no hayan sido dotados ya de significado cuando aparecen los sociólogos con sus cuestionarios. Aquellas acciones e interacciones humanas que exploran lo sociólogos ya han sido nombradas y han recibido la consideración de los propios actores y son, por lo tanto, objetos del saber del sentido común. Cada término sociológico ya está cargado de los significados que le da el saber del sentido común.
“En la física, resulta difícil vencer a un adversario esgrimiendo argumentos de autoridad o, como aún sucede en la sociología, denunciando el contenido político de su teoría. En aquel campo las armas del crítico deben ser científicas para ser eficaces. En la sociología, por el contrario, toda proposición que contradiga las ideas aceptadas por todo el mundo se vuelve sospechosa de haber surgido de una presuposición ideológica, una toma de posición política. Choca con intereses sociales, con los intereses de los que son dominantes, cómplices del silencio y del “buen sentido” (que indica la que es, debe ser, y no puede ser de otra forma), con los intereses de los portavoces, de los altoparlantes, que necesitan ideas simples, simplistas, slogans. Por ello se le exigen mil veces más pruebas (lo cual, en realidad, está muy bien) que a los portavoces del “buen sentido”. Y cada descubrimiento de la ciencia pone en marcha todo un trabajo de “critica” retrógrada, que cuenta con todo el orden social (créditos, puestos, honores, y, por ende, la creencia) y cuyo objetivo es volver a cubrir lo que se había descubierto”.


El resultado de la indagación será descubrir el vínculo entre la biografía individual y el más amplio proceso social.
Finalmente, sociología y sentido común difieren en el modo en que cada uno da sentido a la realidad humana en términos de cómo comprenden y explican acontecimientos y circunstancias. Creemos que somos los “autores” de nuestras acciones. Creemos en la secuencia intención-decisión-resultado. Y por eso mismo creemos que nuestras acciones sirven de modelo para interpretar otras acciones. En pocas palabras: tendemos a interpretar lo que ocurre en el mundo como producto de la acción intencional de alguien. Buscamos a las personas responsables de algo, y cuando las encontramos creemos que hemos concluido nuestra investigación.
Pero la sociología comienza su examen a partir de configuraciones (redes de dependencia) más que a partir de actores individuales o acciones unitarias, Comprender el mundo humano –incluidos nuestros propios, profundamente personales y privados, pensamientos y hechos- solo puede hacerse en términos sociales. Pensar sociológicamente es dar sentido a la condición humana a través de un análisis de múltiples redes de interdependencia humana.
El poder del sentido común depende de su carácter autoevidente: no cuestiona sus preceptos y es autoconfirmante en su práctica. Cuando algo se repite lo suficiente, tiende a volverse familiar y lo familiar es visto como autoexplicativo. No presenta problemas y no despierta curiosidad alguna. La tarea de la sociología es incomodar, volver extraño lo familiar.
Nadie pregunta si la gente está satisfecha de que las cosas sean como son. Seguidamente a esta reflexión viene la idea de que uno puede hacer poco por cambiar las condiciones en que actúa.
“En contra de la regresión ordinaria del marxismo hacia el economicismo, que no conoce más que la economía en el sentido restringido de la economía capitalista y todo lo explica mediante esta definición de economía, Max Weber amplia el análisis económico (en el sentido generalizado) hacia campos que suele descuidar la economía, como es la religión. Así, caracteriza a la Iglesia, con una magnifica formula, como detentadora del monopolio de la manipulación de los bienes de salvación. Incita a un materialismo radical que busca los determinantes económicos (en el sentido más amplio) en áreas donde reina la ideología del “desinterés”, como el arte o la religión.
Lo mismo ocurre con la noción de legitimidad. Marx rompe con la representación ordinaria del mundo social al mostrar que las relaciones “encantadas” —como las del paternalismo, por ejemplo— ocultan relaciones de fuerza. Weber parece contradecir radicalmente a Marx: recuerda que la pertenencia al mundo social implica una parte de reconocimiento de la legitimidad” (Bourdieu).
Por eso planteamos pensar el mundo como texto: el mundo social es texto en la medida que habilita distintas lecturas.
Hacer sociología implica una actitud de desconfianza frente a lo obvio. Y nada más obvio que la realidad.
 “Hoy en día, entre la gente de quien depende la existencia de la sociología, cada vez son más los que se preguntan para qué sirve. En realidad, las posibilidades que tiene la sociología de desilusionar o de contrariar al poder son tanto mayores cuanto mejor cumple su función propiamente científica. Esta función no es la de servir para algo, es decir, para alguien. Pedir que la sociología sirva para algo es siempre una forma de pedirle que esté al servicio del poder. Su función científica es comprender al mundo social, empezando por el poder. Es una operación que no es socialmente neutra y que cumple indudablemente una función social. Entre otras razones, porque no hay poder que no deba una parte —y no la menos importante— de su eficacia al desconocimiento de los mecanismos en los cuales se funda” (Bourdieu).
La sociología ayuda a vivir la vida con mayor consciencia. Nos hace más sensibles y tolerantes a la diversidad. Nos ayuda a descubrir cómo esas cosas que se presentan como fijas, en tanto productos de la acción humana están siempre abiertas a la transformación. Pensar sociológicamente puede promover la solidaridad: una solidaridad basada en la comprensión y el respeto mutuos. 

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