lunes, 11 de mayo de 2015

Clase 5 ¿por qué creemos que trabajar es un deber? La cuestión de la profesión – vocación en Weber.

Sociología. Licenciatura en Enfermería. AMEMT/UNCPB

Clase 5 ¿por qué creemos que trabajar es un deber? La cuestión de la profesión – vocación en Weber.

(A continuación de la pregunta por el suicidio en Durkheim, y de la puesta en primer plano de la división social del trabajo para la constitución de la sociedad y la integración de los sujetos, hacemos un breve pasaje al problema del trabajo en Weber. Ello nos permitirá pensar el papel del trabajo en los tres autores que hemos visto hasta aquí: Marx, Durkheim y Weber).

La pregunta que guía nuestra lectura de Weber es ¿por qué creemos que trabajar es un deber?.

En 1904 y 1905 Weber escribe una de sus primeras y principales obras “la ética protestante y el espíritu del capitalismo”, el título es muy explícito respecto de las intenciones de la investigación: se trata de “determinar la influencia de ciertos ideales religiosos en la formación de una mentalidad económica”: la mentalidad económica que le interesa a Weber es la del capitalismo moderno y los ideales religiosos que considera ligados a dicha mentalidad son los de la ética racional del protestantismo ascético. Más adelante, en algún momento vamos a ver que la obligación culturalmente construida de trabajar, pues el trabajo es la vía de adquisición de una identidad y una posición clara en la estructura de relaciones sociales, combinada con las modalidades alienantes de trabajo actual son un coctel explosivo para la salud mental: la cultura nos exige trabajar, pero simultáneamente nos ofrece algunas de las peores situaciones para el desarrollo de esa exigencia.
Por ahora eso como respuesta provisoria a la inevitable pregunta ¿y esto para qué sirve?.
El tema de la obediencia se sostiene por sí solo: independientemente de la ciencia que nos apasione, no podemos pasar por nuestra vida profesional sin hacernos la pregunta sobre cuál es el fundamento del poder de la administraciones (estatales, locales e institucionales) que nos gobiernan.

Comencemos:

¿Quién sabe cuál es la importancia de la reforma protestante?
La reforma implicó una ruptura con el tradicionalismo (económico y religioso), en realidad primero se comienza a desarrollar el capitalismo (rompiendo con la estructura de relaciones que sostuvo al feudalismo) y posteriormente viene la reforma: ¿qué diría un marxista clásico? Que la ruptura con el tradicionalismo económico motivó que la gente se apartara de la tradición en general y de las instituciones religiosas en su forma antigua en particular. Es decir el marxismo sostendría que “el protestantismo era un reflejo ideológico de los cambios económicos en que se incurrió con el incipiente desarrollo del capitalismo”.
Según Weber esa relación no tiene esa lógica: de hecho, dirá Weber para el momento de la reforma protestante “la vigilancia de la Iglesia católica sobre la vida de cada día estaba bastante relajada”: el protestantismo significó aceptar un nivel mucho más elevado de reglamentación de la conducta que el que suponía el catolicismo: adopta una actitud muy estricta frente a la relajación y la diversión.
¿Cuál es la novedad que quiere marcar Weber? Él nota una anomalía aparente en el comportamiento económico de los protestantes: normalmente se creería que la gente vinculada a la actividad económica y a la búsqueda de ganancias, o son indiferentes a la religión, o positivamente hostiles a ella, puesto que sus acciones se dirigen al mundo material, mientras la religión se preocupa por el mundo espiritual. Pero el carácter de las creencias y códigos de conducta protestantes es completamente distinto del que podría esperarse, a primera vista, por lo que se refiere a estimular la actividad económica.
Y no se trata de la avaricia egoísta, la cual ha existido en todas las sociedades. El capitalismo moderno por ejemplo, no se funda en una búsqueda amoral de ganancias personales, sino en la obligación disciplinada del trabajo como un deber. El espíritu del capitalismo moderno viene así caracterizado por una singular combinación de la dedicación a la ganancia de dinero por medio de una actividad económica legítima, junto con el prescindir del uso de estos ingresos para gustos personales. Esto empalma con la creencia en el valor de la realización eficiente, como un deber y una virtud, de la vocación profesional.
El propósito de Weber es entonces descubrir de qué espíritu es hija aquella forma concreta de pensamiento y vida racionales que dio origen a la idea de “profesión-vocación” y a la dedicación abnegada al trabajo profesional.
La importancia del concepto de profesión-vocación, y del modo como se emplea en las creencias protestantes, está en que sirve para colocar los asuntos mundanos de la vida cotidiana dentro de un influjo religioso que todo lo abarca. La vocación profesional del individuo consiste en cumplir su deber para con dios por medio de la gestión moral de su vida de cada día. Esto motiva el énfasis que pone el protestantismo en las solicitudes mundanas, lejos del ideal católico de aislamiento monástico, con su rechazo de lo temporal.
La reforma desempeñó un papel esencial en la introducción del concepto de profesión-vocación, colocando en el centro del interés el cumplimento del deber en las actividades mundanas. (Calvinismo, Metodismo, Pietismo, Sectas baptistas). Es decir, fíjense que lo que le interesa a Weber no es exponer o reconstruir los dogmas de una religión, sino resaltar los elementos de sus doctrinas que afectan en formas más directa y significativa la conducta práctica de los individuos en su actividad económica.
En este sentido, tres principios básicos que Weber rescata del calvinismo son:
-          La doctrina de que el universo ha sido creado para aumentar la gloria de dios, y de que solamente tiene sentido en relación con los propósitos divinos: “Dios no es por los hombres, sino los hombres son por y para Dios” [fíjense lo diferente del enfoque que habíamos visto del tema de la religión en Marx]
-          Los motivos del todopoderoso están más allá de la comprensión humana. Los hombres solo pueden saber los pequeños fragmentos de verdad divina que Dios quiere revelarles.
-          La creencia en la predestinación: sólo un número reducido de hombres son escogidos para conseguir la gracia eterna. Es un destino que nos acompaña desde el nacimiento y no es modificable por las acciones humanas. Pensar que con nuestros actos nos ganamos el cielo es como creer que los decretos eternos de Dios pueden ser modificados por obra del hombre.
Weber dice que la consecuencia de esta doctrina par los creyentes debe hacer sido de una “inaudita soledad interior”. Cada hombre estaba solo, no había nadie, ni sacerdote, ni laico que pudiera interceder ante Dios para conseguir su salvación. Esta erradicación de la posibilidad de una salvación por medio de la Iglesia y los sacramentos es, según Weber, la diferencia más decisiva que separa al calvinismo del catolicismo (y también del luteranismo). Esa misma soledad dio origen a lo que Weber llama “desencantamiento del mundo”.
“Ni medios mágicos ni de ninguna otra especie eran capaces de otorgar la gracia a quien Dios había resuelto negársela. Si se recuerda, además, que el mundo de lo creado se halla infinitamente lejano de Dios y que nada vale de por sí, se verá que el aislamiento interior del hombre explica la actitud negativa del puritanismo ante los elementos sensibles y sentimentales de la cultura (en cuanto inútiles para la salvación)” (Weber Ética Protestante)
La pregunta decisiva que todo creyente debía responderse era ¿estoy yo entre los elegidos? Pero era una pregunta sin respuesta. Se desarrollaron dos respuestas relacionadas entre sí: primera: el individuo debía considerar obligatorio creerse uno de los escogidos: cualquier duda sobre la certeza de la elección es una prueba de fe imperfecta y, por tanto, de carencia de gracia. Segunda: que la intensa actividad en el mundo es el medio más apropiado para desarrollar y mantener esta necesaria confianza en sí mismo. Así la realización de obras buenas llegó a considerarse signo de elección. No se trataba de un método para merecer la salvación, sino para eliminar las dudas sobre la salvación.
La pereza y la dilapidación del tiempo son los principales pecados. El tiempo es infinitamente valioso, puesto que toda hora perdida es una hora que se roba al trabajo en servicio de la gloria de Dios. Como no hay confesión no hay posibilidad de arrepentimiento: la vida debe ser coherente y de disciplina continua.
Así, el trabajo en el mundo material goza para el calvinista de la más alta valoración ética positiva. La posesión de riqueza no exime de ningún modo al hombre del precepto divino de afanarse en el trabajo en su profesión. El concepto puritano de profesión-vocación otorga un gran valor al deber del individuo de tomarse su vocación, de una manera metódica, como instrumento de Dios.
La acumulación de riqueza no es condenada mientras no conduzca al lujo y a la pereza: la riqueza debe ser adquirida por medio del cumplimiento ascético del deber profesional.
[OJO: estas características no son lógicas sino psicológicas: piensen por ejemplo que el mismo desencantamiento del mundo llevó al Islam a despreciar la vida terrena. Es decir, una misma base discursiva construyó procesos subjetivos diferentes.]
Esta es la importancia de la génesis religiosa del espíritu capitalista: a partir de Calvino es que se desarrolla uno de los elementos fundamentales del capitalismo moderno: la racionalización de la conducta sobre la base de la idea profesional.
Lo que para el puritano era sumisión a la guía divina, para el mundo del capitalismo contemporáneo se convierte cada vez más en una conformidad mecánica a las exigencias económicas y organizativas de la producción industrial, en todos los niveles de la jerarquía de la división del trabajo.
La conclusión específica de la ética protestante es que, si bien los puritanos, debido a su fe religiosa, escogieron deliberadamente trabajar en una profesión, el carácter especializado de la división capitalista del trabajo obliga al hombre moderno a hacerlo así:
“En todo caso, el capitalismo victorioso no necesita ya de este apoyo religioso, puesto que descansa en fundamentos mecánicos y la idea del deber profesional ronda por nuestra vida como un fantasma de ideas religiosas” (Weber, Ética P)

La ética protestante demuestra que hay una afinidad electiva entre el calvinismo y la ética económica de la actividad capitalista moderna. El rasgo que distingue a la obra es que pretende demostrar que la racionalización de la vida económica, característica del capitalismo moderno, está vinculada a opciones valorativas irracionales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario