Sociología.
Licenciatura en Enfermería. AMEMT/UNCPB
Clase 5 ¿por qué creemos que trabajar es
un deber? La cuestión de la profesión – vocación en Weber.
(A
continuación de la pregunta por el suicidio en Durkheim, y de la puesta en
primer plano de la división social del trabajo para la constitución de la
sociedad y la integración de los sujetos, hacemos un breve pasaje al problema
del trabajo en Weber. Ello nos permitirá pensar el papel del trabajo en los
tres autores que hemos visto hasta aquí: Marx, Durkheim y Weber).
La
pregunta que guía nuestra lectura de Weber es ¿por qué creemos que trabajar es
un deber?.
En 1904
y 1905 Weber escribe una de sus primeras y principales obras “la ética
protestante y el espíritu del capitalismo”, el título es muy explícito respecto
de las intenciones de la investigación: se trata de “determinar la influencia
de ciertos ideales religiosos en la formación de una mentalidad económica”: la
mentalidad económica que le interesa a Weber es la del capitalismo moderno y
los ideales religiosos que considera ligados a dicha mentalidad son los de la
ética racional del protestantismo ascético. Más adelante, en algún momento
vamos a ver que la obligación culturalmente construida de trabajar, pues el
trabajo es la vía de adquisición de una identidad y una posición clara en la
estructura de relaciones sociales, combinada con las modalidades alienantes de
trabajo actual son un coctel explosivo para la salud mental: la cultura nos
exige trabajar, pero simultáneamente nos ofrece algunas de las peores
situaciones para el desarrollo de esa exigencia.
Por
ahora eso como respuesta provisoria a la inevitable pregunta ¿y esto para qué
sirve?.
El
tema de la obediencia se sostiene por sí solo: independientemente de la ciencia
que nos apasione, no podemos pasar por nuestra vida profesional sin hacernos la
pregunta sobre cuál es el fundamento del poder de la administraciones
(estatales, locales e institucionales) que nos gobiernan.
Comencemos:
¿Quién
sabe cuál es la importancia de la reforma protestante?
La
reforma implicó una ruptura con el tradicionalismo (económico y religioso), en
realidad primero se comienza a desarrollar el capitalismo (rompiendo con la
estructura de relaciones que sostuvo al feudalismo) y posteriormente viene la
reforma: ¿qué diría un marxista clásico? Que la ruptura con el tradicionalismo
económico motivó que la gente se apartara de la tradición en general y de las
instituciones religiosas en su forma antigua en particular. Es decir el
marxismo sostendría que “el protestantismo era un reflejo ideológico de los
cambios económicos en que se incurrió con el incipiente desarrollo del
capitalismo”.
Según
Weber esa relación no tiene esa lógica: de hecho, dirá Weber para el momento de
la reforma protestante “la vigilancia de la Iglesia católica sobre la vida de
cada día estaba bastante relajada”: el protestantismo significó aceptar un
nivel mucho más elevado de reglamentación de la conducta que el que suponía el
catolicismo: adopta una actitud muy estricta frente a la relajación y la diversión.
¿Cuál
es la novedad que quiere marcar Weber? Él nota una anomalía aparente en el
comportamiento económico de los protestantes: normalmente se creería que la
gente vinculada a la actividad económica y a la búsqueda de ganancias, o son
indiferentes a la religión, o positivamente hostiles a ella, puesto que sus
acciones se dirigen al mundo material, mientras la religión se preocupa por el
mundo espiritual. Pero el carácter de las creencias y códigos de conducta
protestantes es completamente distinto del que podría esperarse, a primera
vista, por lo que se refiere a estimular la actividad económica.
Y no
se trata de la avaricia egoísta, la cual ha existido en todas las sociedades. El
capitalismo moderno por ejemplo, no se funda en una búsqueda amoral de
ganancias personales, sino en la obligación disciplinada del trabajo como un
deber. El espíritu del capitalismo moderno viene así caracterizado por una
singular combinación de la dedicación a la ganancia de dinero por medio de una
actividad económica legítima, junto con el prescindir del uso de estos ingresos
para gustos personales. Esto empalma con la creencia en el valor de la
realización eficiente, como un deber y una virtud, de la vocación profesional.
El
propósito de Weber es entonces descubrir de qué espíritu es hija aquella forma
concreta de pensamiento y vida racionales que dio origen a la idea de
“profesión-vocación” y a la dedicación abnegada al trabajo profesional.
La
importancia del concepto de profesión-vocación, y del modo como se emplea en
las creencias protestantes, está en que sirve para colocar los asuntos mundanos
de la vida cotidiana dentro de un influjo religioso que todo lo abarca. La
vocación profesional del individuo consiste en cumplir su deber para con dios
por medio de la gestión moral de su vida de cada día. Esto motiva el énfasis
que pone el protestantismo en las solicitudes mundanas, lejos del ideal
católico de aislamiento monástico, con su rechazo de lo temporal.
La
reforma desempeñó un papel esencial en la introducción del concepto de
profesión-vocación, colocando en el centro del interés el cumplimento del deber
en las actividades mundanas. (Calvinismo, Metodismo, Pietismo, Sectas
baptistas). Es decir, fíjense que lo que le interesa a Weber no es exponer o
reconstruir los dogmas de una religión, sino resaltar los elementos de sus
doctrinas que afectan en formas más directa y significativa la conducta
práctica de los individuos en su actividad económica.
En
este sentido, tres principios básicos que Weber rescata del calvinismo son:
-
La doctrina de que el universo ha sido creado
para aumentar la gloria de dios, y de que solamente tiene sentido en relación
con los propósitos divinos: “Dios no es por los hombres, sino los hombres son
por y para Dios” [fíjense lo diferente del enfoque que habíamos visto del tema
de la religión en Marx]
-
Los motivos del todopoderoso están más allá de
la comprensión humana. Los hombres solo pueden saber los pequeños fragmentos de
verdad divina que Dios quiere revelarles.
-
La creencia en la predestinación: sólo un
número reducido de hombres son escogidos para conseguir la gracia eterna. Es un
destino que nos acompaña desde el nacimiento y no es modificable por las
acciones humanas. Pensar que con nuestros actos nos ganamos el cielo es como
creer que los decretos eternos de Dios pueden ser modificados por obra del
hombre.
Weber
dice que la consecuencia de esta doctrina par los creyentes debe hacer sido de
una “inaudita soledad interior”. Cada hombre estaba solo, no había nadie, ni
sacerdote, ni laico que pudiera interceder ante Dios para conseguir su
salvación. Esta erradicación de la posibilidad de una salvación por medio de la
Iglesia y los sacramentos es, según Weber, la diferencia más decisiva que
separa al calvinismo del catolicismo (y también del luteranismo). Esa misma
soledad dio origen a lo que Weber llama “desencantamiento del mundo”.
“Ni
medios mágicos ni de ninguna otra especie eran capaces de otorgar la gracia a
quien Dios había resuelto negársela. Si se recuerda, además, que el mundo de lo
creado se halla infinitamente lejano de Dios y que nada vale de por sí, se verá
que el aislamiento interior del hombre explica la actitud negativa del
puritanismo ante los elementos sensibles y sentimentales de la cultura (en
cuanto inútiles para la salvación)” (Weber Ética Protestante)
La
pregunta decisiva que todo creyente debía responderse era ¿estoy yo entre los
elegidos? Pero era una pregunta sin respuesta. Se desarrollaron dos respuestas
relacionadas entre sí: primera: el individuo debía considerar obligatorio
creerse uno de los escogidos: cualquier duda sobre la certeza de la elección es
una prueba de fe imperfecta y, por tanto, de carencia de gracia. Segunda: que
la intensa actividad en el mundo es el medio más apropiado para desarrollar y mantener
esta necesaria confianza en sí mismo. Así la realización de obras buenas llegó
a considerarse signo de elección. No se trataba de un método para merecer la
salvación, sino para eliminar las dudas sobre la salvación.
La
pereza y la dilapidación del tiempo son los principales pecados. El tiempo es
infinitamente valioso, puesto que toda hora perdida es una hora que se roba al
trabajo en servicio de la gloria de Dios. Como no hay confesión no hay
posibilidad de arrepentimiento: la vida debe ser coherente y de disciplina
continua.
Así,
el trabajo en el mundo material goza para el calvinista de la más alta
valoración ética positiva. La posesión de riqueza no exime de ningún modo al
hombre del precepto divino de afanarse en el trabajo en su profesión. El
concepto puritano de profesión-vocación otorga un gran valor al deber del
individuo de tomarse su vocación, de una manera metódica, como instrumento de
Dios.
La
acumulación de riqueza no es condenada mientras no conduzca al lujo y a la
pereza: la riqueza debe ser adquirida por medio del cumplimiento ascético del
deber profesional.
[OJO:
estas características no son lógicas sino psicológicas: piensen por ejemplo que
el mismo desencantamiento del mundo llevó al Islam a despreciar la vida
terrena. Es decir, una misma base discursiva construyó procesos subjetivos
diferentes.]
Esta
es la importancia de la génesis religiosa del espíritu capitalista: a partir de
Calvino es que se desarrolla uno de los elementos fundamentales del capitalismo
moderno: la racionalización de la
conducta sobre la base de la idea profesional.
Lo que
para el puritano era sumisión a la guía divina, para el mundo del capitalismo
contemporáneo se convierte cada vez más en una conformidad mecánica a las
exigencias económicas y organizativas de la producción industrial, en todos los
niveles de la jerarquía de la división del trabajo.
La
conclusión específica de la ética protestante es que, si bien los puritanos,
debido a su fe religiosa, escogieron deliberadamente trabajar en una profesión,
el carácter especializado de la división capitalista del trabajo obliga al
hombre moderno a hacerlo así:
“En
todo caso, el capitalismo victorioso no necesita ya de este apoyo religioso,
puesto que descansa en fundamentos mecánicos y la idea del deber profesional ronda
por nuestra vida como un fantasma de ideas religiosas” (Weber, Ética P)
La
ética protestante demuestra que hay una afinidad electiva entre el calvinismo y
la ética económica de la actividad capitalista moderna. El rasgo que distingue
a la obra es que pretende demostrar que la
racionalización de la vida económica, característica del capitalismo moderno,
está vinculada a opciones valorativas irracionales.
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