miércoles, 6 de mayo de 2015

Clase 4 ¿Somos dueños de nuestras decisiones? Durkheim y el Estructural-funcionalismo.

Sociología. Licenciatura en Enfermería. AMEMT/UNCPB

Clase 4.  

¿Somos dueños de nuestras decisiones?

Se llama estructural-funcionalismo a la escuela de pensamiento en que enmarcamos a Durkheim; éste piensa a la sociedad como un complejo de estructuras interdependientes que son exteriores a los sujetos y los determinan en su accionar y pensar. Cada una de esas estructuras encastra perfectamente en el todo social porque le es necesaria a ese todo para poder existir. Es decir, cumple una función específica y necesaria para la estabilidad del sistema social. Durkheim,  inspirándose en la biología y sirviéndose de la analogía organicista, consideraba que la sociedad estaba constituida por «órganos» (hechos sociales), o estructuras sociales, que realizaban diversas funciones para la sociedad.
Digámoslo desde ya: Un hecho social NO ES ALGO SUSTANCIAL es un conjunto sistematizado de fenómenos. La vida social está constituida enteramente por REPRESENTACIONES.
Si pensamos en una sociedad como en un organismo tendríamos que responder a las preguntas:
-        ¿qué mantiene unidas las distintas partes que conforman ese organismo?: en la sociedad, a diferencia del organismo animal la cohesión no es material, la cohesión la da las ideas.
-       ¿la sociedad en tanto cuerpo es más que la suma de sus partes, o es el resultado de la suma de sus partes?: la sociedad tiene propiedades específicas que pueden distinguirse de las de sus miembros individuales: “La sociedad no es simplemente un agregado de individuos, sino que es un ser que ha existido antes que los que hoy la integran, y que los sobrevivirá; que ejerce sobre ellos más influencia que la que recibe de ellos, y que tiene su propia vida, conciencia, destino e intereses” (Schäffle).
Esta postura rechaza la concepción del individuo y la sociedad que Rousseau defendió, en la cual el hipotético individuo aislado en un estado de naturaleza es más libre y más feliz que vinculado a la sociedad. Durkheim dirá todo lo contrario: lo que eleva la vida humana por encima de la existencia animal procede de la riqueza tecnológica y cultural acumulada por la sociedad. Si esto se le quita al hombre, se le quita todo lo que nos hace verdaderamente humanos: eso es la cultura.
Entonces tenemos una cultura; es decir, un sistema de producciones materiales, ideas, valores y sentimientos: estos ideales y sentimientos que constituyen la herencia cultural de los miembros de una sociedad son impersonales, estos es, han evolucionado socialmente y no son producto ni propiedad de ningún individuo concreto. El lenguaje por ejemplo: cada uno de nosotros habla una lengua que no creó. Podemos hablar de la existencia de algo que Durkheim llama conciencia colectiva: un compuesto cuyos elementos son las inteligencias individuales.
La sociedad es una unidad que tiene sus propias características específicas que no pueden deducirse de las de sus miembros individuales. Es falso suponer que un todo es igual a la suma de sus partes: en la medida en que estas partes están organizadas de una manera determinada, tal organización de relaciones tiene características propias”: este principio se aplica tanto a las reglas económicas como morales. La moral es una propiedad colectiva y como tal debe estudiarse.
La religión por ejemplo: al ofrecer ideales hacia los que hay que tender es una fuerza que contribuye a la unidad social. Estos ideales pueden variar entre distintas sociedades, pero puede estarse seguro de que nunca ha habido hombres que carecieran por completo de un ideal, por modesto que fuera, pues esto corresponde a una necesidad profundamente enraizada en nuestra naturaleza.
El individualismo es un producto del desarrollo social: lejos de ser la individualidad el hecho primitivo y la sociedad el hecho derivado, la primera solo aparece lentamente a partir de la segunda.
Tenemos varias tesis importantes hasta ahora:
-          La importancia de los ideales y de la unidad moral en la continuidad de la sociedad (al ser sustituida la sociedad primitiva por formas más modernas, la base moral de la unidad no desaparece completamente).
-          La significación del individuo como objeto y como agente productor de las influencias sociales (somos al mismo tiempo actores y actuados, cada uno de nosotros contribuye a formar esta corriente irresistible que le arrastra)
-          La doble naturaleza de la adhesión del individuo a la sociedad (incluye a la vez la obligación y la entrega positiva a los ideales)
-          El principio de que una organización de elementos (individuos como elementos de sociedades organizadas) tiene propiedades que no pueden deducirse directamente de las características de los elementos aisladamente considerados
Pensemos con estas tesis el problema de la división del trabajo: Durkheim dice que la moderna sociedad compleja no tiende inevitablemente a la desintegración, a pesar de que la importancia de las creencias morales tradicionales parece declinar. La condición normal de la división diferenciada del trabajo es la estabilidad orgánica. Pero el efecto integrador de la división del trabajo no es el resultado de múltiples contratos individuales: al contrario, la existencia del contrato presupone unas normas que no son el resultado de vínculos contractuales, sino que constituyen los compromisos morales generales sin los cuales la formación de tales vínculos no podría proceder de una manera ordenada. Durkheim dice: “un contrato no se basta a sí mismo” (es decir, existen normas sociales que proporcionan el marco dentro del cual se hacen los contratos).
La división del trabajo expresa una aparente ambigüedad moral en la relación entre el individuo y la sociedad en el mundo contemporáneo. Por una parte el desarrollo de la forma moderna de sociedad viene unido con la expansión del individualismo. Este fenómeno está claramente asociado con el crecimiento de la división del trabajo, la cual produce la especialización de la función profesional y fomenta por tanto el desarrollo de talentos, capacidades y actitudes específicas, de las que no participa todo el mundo en la sociedad, sino que las poseen solamente grupos especiales. Existen tendencias morales que dicen que la personalidad individual debe desarrollarse según cualidades específicas que tiene la persona, por tanto no todos deben recibir la misma educación. Pero por otra parte, existen también tendencias morales contradictoras que ensalzan al individuo desarrollado universalmente. En forma general, el precepto que nos ordena especializarnos es impugnado por todos lados por la máxima contraria, que nos ordena realizar todos un mismo ideal. (Pensar en el contexto de un sujeto comunicacional globalizado e hiperespecializado).
Pero a qué se debe la división del trabajo: es cierto que parte se debe al alto grado de especialización industrial moderna, pero esta división no es consecuencia exclusivamente del industrialismo. El mismo proceso puede observarse en todos los sectores de las sociedades contemporáneas: en el gobierno, en el derecho, la ciencia y las artes. En la ciencia por ejemplo: antes la disciplina general era la filosofía, su objeto abarcaba toda la realidad natural y social, pero hace mucho se fragmentó en numerosas disciplinas separadas.
Aquí volvemos a la metáfora del organismo: el aumento de la diferenciación social es característico del proceso de evolución de las formas tradicionales a las formas modernas de sociedad. Esto puede compararse con ciertos principios biológicos: los primeros organismos que aparecen en la escala evolutiva tienen una estructura sencilla; pero ellos dan lugar a organismos que muestran un grado más elevado de organización funcional interna: un organismo ocupa un lugar tanto más elevado en la escala animal cuanto más especializadas estén las funcione en él.
Esto se relaciona de manera directa con la relación entre la división del trabajo y el orden moral: para analizar la importancia de la división del trabajo, tenemos que comparar y contrastar los principios según los cuales se organizan las sociedades menos desarrolladas con los que rigen la organización de las sociedades avanzadas. Esto implica medir cambios en la naturaleza de la solidaridad social. Pero ¿cómo medir la solidaridad? Tratando como “cosas” aquellas dimensiones de la vida social en la que esta se manifiesta. Es decir, estudiando “hechos sociales” en los que la solidaridad sea protagonista.

En términos modernos, los hechos sociales son las estructuras sociales, así como las normas y los valores culturales que son externos y coercitivos para los actores. Todos, según la posición que ocupemos, estamos constreñidos por estructuras sociales tales como la burocracia universitaria (si somos estudiantes o profesores) y los valores y normas de la sociedad en que vivimos. Otros hechos sociales similares constriñen a las personas en todos los ámbitos de la vida social.
“Con el fin de lograr que la sociología se alejara de la filosofía y de darle una identidad clara y particular, Durkheim afirmó que el objeto distintivo de la sociología debía ser el estudio de los hechos sociales. El concepto de hecho social tenía varios componentes, pero la idea de que los hechos sociales debían ser tratados como cosas era de crucial importancia para distinguir la sociología de la filosofía. Como cosas, los hechos sociales debían estudiarse empíricamente, no filosóficamente” (Ritzer). Durkheim creía que las ideas podían concebirse introspectivamente (filosóficamente), pero las cosas «no pueden concebirse mediante una actividad puramente mental», se requieren «datos del exterior de la mente» (Durkheim, LRMS).

Para distinguir la sociología de la psicología, Durkheim afirmó que los hechos sociales eran externos y coercitivos para el actor. El objeto de la sociología debía ser el estudio de los hechos sociales, mientras el de la psicología apuntaba al estudio de los hechos psicológicos.
Además, Durkheim distinguía entre dos grandes tipos de hechos sociales: los materiales y los inmateriales. Los hechos sociales materiales son los más claros de ambos tipos, porque son entidades reales y materiales, pero sólo adquieren una importancia menor en la obra de Durkheim. Como él mismo señaló: «El hecho social a veces se materializa y llega a convertirse en un elemento del mundo exterior» (1897/ 1951: 313). La arquitectura y el derecho constituyen dos ejemplos de lo que significan los hechos sociales materiales
Pero Durkheim enfocó su estudio en los hechos sociales inmateriales. Durkheim dijo: «No toda conciencia social alcanza la exteriorización y la materialización» (1897/1951: 315). Lo que para los sociólogos son hoy en día las normas y los valores, o en términos más generales, la cultura, son ejemplos adecuados de lo que Durkheim quería decir con hechos sociales inmateriales. Pero esta idea plantea un problema: ¿cómo es posible que hechos sociales inmateriales tales como las normas y los valores sean externos al actor? ¿Dónde pueden residir si no es en la mente del actor? Y en caso de residir en la mente del actor, ¿acaso no son entonces internos en lugar de externos?
«Esto no significa que ellos [los hechos sociales inmateriales] no sean también de alguna manera mentales, puesto que todos consisten en maneras de hacer y pensar». Por esto es preferible considerar los hechos sociales inmateriales, al menos en parte, como fenómenos mentales, pero externos y coercitivos respecto de otros aspectos del proceso mental que son los hechos psicológicos. Esto difumina un poco la distinción de Durkheim entre sociología y psicología, pero sirve para hacer más realista la distinción y, por tanto, más defendible. La sociología se ocupa de los fenómenos mentales, pero generalmente se trata de fenómenos mentales de un orden diferente de aquellos de los que trata la psicología. Por tanto, Durkheim afirmaba que mientras los sociólogos se interesan por las normas y los valores, los psicólogos se preocupan por cosas tales como los instintos humanos.
Según lo anterior, los principales niveles de la realidad social en la obra de Durkheim pueden describirse como sigue (en orden descendente en lo que se refiere a generalidad):
A. Hechos sociales materiales
B. Hechos sociales inmateriales
1. Sociedad
2. Componentes estructurales de la sociedad (por ejemplo, la iglesia y el estado)
3. Componentes morfológicos de la sociedad (por ejemplo, distribución de la población, canales de comunicación y forma de las habitaciones)
1. Conciencia colectiva[1] (conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio de los miembros de una misma sociedad)
2. Representaciones colectivas[2] (normas y valores de colectividades específicas como la familia, la ocupación, el estado, y las instituciones educativas y religiosas)
4. Corrientes sociales[3] (Hechos sociales inmateriales que carecen de forma cristalizada)



Entonces, retomando, como la solidaridad no puede medirse directamente, para representarla gráficamente es necesario “sustituir el hecho interno que se nos escapa por un hecho exterior”: por ejemplo, los códigos legales. Donde existe una forma estable de vida social, las normas morales se codifican en algún momento en leyes.
Un precepto legal puede definirse como una regla de conducta sancionada: la sanciones pueden ser represivas (propias del dcho penal: imponen a un individuo un tipo de sufrimiento como castigo por una transgresión); y restitutivas (implican la reparación o restablecimiento de las relaciones tal como estaban antes que se violara la ley: dcho civil, mercantil, etc.)
Un delito es un acto que infringe sentimientos universalmente aprobados por los miembros de la sociedad: de él se ocupa el derecho represivo: dice he aquí la pena. Mientras el dcho civil dice: he aquí el deber.
La razón por la que no tiene que especificarse la obligación moral en el derecho represivo es porque es evidente: todo el mundo la conoce y acepta.
Dice Durkheim: “el derecho penal, solamente dicta sanciones, pero nada dice de las obligaciones a las que aquéllas se refieren. No ordena respetar la vida del prójimo, sino castigar con la muerte al asesino. No dice, como el derecho civil, he aquí el deber; sino: he aquí la pena” (D. División del Trabajo)
Esto muestra la existencia de una conciencia colectiva: [El conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio de los miembros de una misma sociedad, forma un sistema determinado que tiene vida propia: podemos llamarlo conciencia colectiva o común... Es, pues, algo completamente distinto a las conciencias particulares aunque sólo se realice en los individuos. (Durkheim, 1893/1964: 79-80)]
El castigo es ante todo una respuesta emotiva a la transgresión. Se piensa que el castigo disuade, pero eso no  se condice con la dureza de las penas, que no atacan la motivación sino el acto: el castigo tiene entonces un carácter expiatorio, es un acto de venganza de parte de la sociedad: ¿qué vengamos? Un ultraje hecho a la moral. En pocas palabras: la función primaria del castigo es proteger y reafirmar la conciencia colectiva frente a actos que cuestionan su santidad.
En las sociedades más sencillas la religión lo abarca todo y se extiende a todo, regula no solo los fenómenos religiosos sino también la moral, el derecho, la organización política y la ciencia. Si pensamos nuevamente en el primer principio dicho arriba[4] ahora afirmamos: toda ley penal está contenida originalmente dentro de un marco religioso.
En las sociedades primitivas la solidaridad es mecánica: domina a la sociedad un conjunto muy firme de sentimientos y creencias compartidos por todos los miembros de la comunidad, no hay muchas posibilidades de diferenciación entre individuos. Cada individuo es un microcosmos de la totalidad.
Dice Durkheim: “La sociedad no es vista bajo el mismo aspecto en los dos casos. En el primero (solidaridad mecánica), lo que denominamos así es un conjunto más o menos organizado de creencias y sentimientos comunes a todos los miembros del grupo: es el tipo colectivo. Por el contrario, la sociedad, de la que en el segundo caso somos solidarios, es un sistema de funciones diferentes y especiales unido por relaciones definidas” (DTS)
Este segundo tipo de cohesión social es la solidaridad orgánica. En ella la solidaridad no arranca de la aceptación de un conjunto de creencias y sentimientos comunes, sino de la interdependencia funcional en la división del trabajo. Donde la solidaridad mecánica es la base principal de la cohesión de la sociedad, la conciencia colectiva envuelve completamente la conciencia individual y supone una identidad entre los individuos. La solidaridad orgánica, por el contrario, no presupone identidad sino diferencia entre las creencias y acciones de los distintos individuos. El crecimiento de la solidaridad orgánica y la expansión de la división del trabajo vienen, por tanto, unidas con el avance del individualismo.
El progreso de la solidaridad orgánica depende necesariamente del decrecer de la importancia de la conciencia colectiva. Pero las creencias y sentimiento comunes no desaparecen del todo en las sociedades complejas; ni se trata de que la formación de relaciones contractuales pierda el carácter moral y llegue a el simplemente el resultado de hacer cada individuo lo que más le interesa. No hay oposición entre la sociedad que deriva de la comunidad de creencias a la que tiene por base la cooperación, otorgando a la primera un carácter moral y viendo en la segunda sólo un agrupamiento económico. En realidad, también la cooperación tiene su moralidad intrínseca.[5]


Entonces, “dos tipos de solidaridad: mecánica y orgánica. Su interés al abordar la cuestión de la solidaridad era descubrir lo que mantenía unida a la sociedad. Una sociedad caracterizada por la solidaridad mecánica se mantiene unificada debido a que la totalidad de sus miembros tienen aptitudes y conocimientos similares. La unión de las personas se debe a que todos están implicados en la realización de actividades parecidas y tienen responsabilidades semejantes. Por el contrario, una sociedad caracterizada por la solidaridad orgánica se mantiene unida debido a las diferencias entre las personas, debido al hecho de que tienen diferentes tareas y responsabilidades. Toda vez que cada persona realiza en la sociedad moderna una gama de tareas relativamente pequeña, necesita a otras muchas para poder vivir.” (Ritzer, 229)
La lucha por la existencia es más violenta entre individuos del mismo tipo. Este conflicto tiende a dar origen a una especialización complementaria, de modo que los organismos puedan coexistir sin que uno estorbe la supervivencia del otro. La diferenciación de funciones permite sobrevivir a diversos organismos.
Aquí hay entonces una última diferencia entre la solidaridad orgánica y la mecánica: como las personas que forman las sociedades caracterizadas por la solidaridad mecánica suelen parecerse en lo tocante a las tareas que realizan, hay mayores probabilidades de que compitan entre sí. Por el contrario, en las sociedades caracterizadas por la solidaridad orgánica la diferenciación facilita la cooperación entre las personas y permite que puedan apoyarse en una misma base de recursos (Ritzer, 232).
Dice Durkheim:
Los hombres soportan la misma ley. En una misma ciudad, las diferentes profesiones pueden coexistir sin dañarse recíprocamente, pues persiguen objetos diferentes. El soldado busca la gloria militar, el sacerdote, la autoridad moral, el hombre de estado el poder, el industrial la riqueza, el sabio el renombre científico” (DT) Así, para Durkheim, la sociedad moderna se mantiene unida por obra de la especialización de las personas y de su necesidad de los servicios de otras muchas.
Por esta misma razón, “la conciencia colectiva es mucho menos importante en una sociedad con solidaridad orgánica que en otra con solidaridad mecánica. Es más probable que los miembros de la sociedad moderna se mantengan unidos mediante la división del trabajo y la consiguiente necesidad de que otros realicen ciertas funciones, que mediante una poderosa conciencia colectiva común”. (Ritzer, 236)

Con lo visto hasta aquí podemos decir que
-          la diferenciación de la división del trabajo produce inevitablemente un descenso del grado de saturación de consciencia colectiva en la sociedad.
-          El crecimiento del individualismo acompaña la expansión de la división del trabajo: el individualismo solo puede progresar a expensas de la intensidad de las creencias y sentimientos comunes.
-          Así, cada vez más, la conciencia colectiva consiste en maneras de pensar y de sentir muy generales y muy indeterminadas, que dejan lugar libre a una creciente multitud de disidencias individuales.

El suicidio:
Ahora podemos hacernos la pregunta ¿para Durkheim, por qué se suicida la gente? Pues el grado de integración de una sociedad se relaciona con sus cuotas de suicidios. Y ya tenemos los elementos para pensar ese grado de integración social, y comprender por qué Durkheim dice que “el suicidio testifica las condiciones orgánicas de la sociedad”. Durkheim aplica el método sociológico a la explicación de lo que a primera vista parecería un fenómeno completamente individual.
Las diferentes colectividades tienen diferentes conciencias y representaciones colectivas. Estas, a su vez, producen diferentes corrientes sociales, que influyen de modo distinto en las tasas de suicidio. Un modo de estudiar el suicidio es comparar las diferentes sociedades o tipos diversos de colectividades. En este sentido, “cada grupo social tiene realmente por este acto una inclinación colectiva que le es propia y de la que proceden las inclinaciones individuales; de ningún modo nace de éstas. Lo que la constituye son esas corrientes de egoísmo, de altruismo y de anomía que influyen en la sociedad... Son estas tendencias de la sociedad las que, penetrando en los individuos, los impulsan a matarse. (Durkheim, 1897/1951: 299-300)”
Durkheim vinculó cada uno de los tipos de suicidio con el grado de integración y regulación de la sociedad en que aparecían. La integración hace referencia al grado en el que se comparten los sentimientos colectivos. El suicidio altruista se relaciona con un alto grado de integración, mientras el egoísta se asocia a un grado bajo. La Regulación hace referencia al grado de presión de la reglamentación moral permanente.
Los cuatro tipos de suicidio en relación con los niveles de integración y regulación:
Integración:
Regulación:
Baja: Suicidio egoísta
Alta: Suicidio altruista
Baja: Suicidio anómico
Alta: Suicidio fatalista

Preguntas del tipo ¿por qué se suicidan más en países protestantes que en países católicos? Pueden ser abordadas desde este esquema.
Dice Durkheim: Existe 2 tipos de suicidios prevalecientes en las sociedades modernas: el Egoísta y el Anómico.
1)    El S. Egoísta es consecuencia de un estado de cosas donde el yo individual se afirma con exceso frente al yo social y a expensas de este último. El sujeto egoísta “es casi inevitable que tenga cierta aptitud para el desorden; porque, como se ha separado de la sociedad, ésta no ejerce sobre él el suficiente dominio para imponerle reglas” (Durkheim: E S)
Este tipo de suicidio se manifiesta según:
a)    Suicidio y grado de integración religiosa:
-          “El protestantismo se funda en la promoción de un espíritu de libre examen. La iglesia católica se constituye alrededor de la jerarquía tradicional del sacerdocio, cuya autoridad obliga en materia de dogma religioso; el protestante, en cambio, se encuentra a solas con Dios: el protestantismo es una iglesia con una integración menos firme que el catolicismo”.
A nivel secular podemos decir: que igualmente “el grado de integración en los demás aspectos de la sociedad se relaciona con las cuotas de suicidio de manera semejante:
b)    Suicidio y grado de integración de la estructura familiar:
-          Los individuos solteros muestran cuotas de suicidios más elevadas que las personas casadas de la misma edad
-          Hay una relación inversa entre el suicidio y las proporciones del grupo familiar: a mayor número de hijos, cuota de suicidio más baja.
c)    Suicidio y grado de integración social en otro contexto institucional:
-          “El índice de suicidios disminuye en tiempo de crisis política nacional o tiempo de guerra. (…) La razón está en que las crisis políticas y las guerras, al estimular un nivel elevado de compromiso dentro de un conjunto determinado de acontecimientos al menos por un tiempo producen una integración más fuerte de la sociedad.
Hay, por tanto, una relación entre integración social y suicidio, que se mantiene constante, prescindiendo del sector institucional de la sociedad que se analice en concreto.
Se establece la siguiente proposición: “el suicidio varía en razón inversa del grado de integración de los grupos sociales de que forma parte el individuo”.

Dijimos que este tipo de suicidio puede llamarse egoísta porque es consecuencia de un estado de cosas donde el yo individual se afirma con exceso frente al yo social y a expensas de este último. Es característico de las sociedades contemporáneas, pero no es el único:

2)    El suicidio anómico: tiene una correlación con
a)    la estructura profesional: La pobreza es en sí misma una fuente de cohibición moral; las profesiones de un nivel superior son precisamente las que más se han liberado de una reglamentación moral permanente. En este sentido, las tasas de suicidio
-          son más bajas entre los pobres habituales  
-          más elevadas entre los acomodados y los que ejercen profesiones liberales.

b)     las crisis económicas: en tiempos de depresión económica, las cuotas de suicidio muestran un notable incremento. Esto no se puede explicar por la privación económica que implica la crisis, puesto que en tiempos de prosperidad económica las cuotas de suicidio aumentan en un grado equivalente. Ambas fluctuaciones, ascendente y descendente, del ciclo económico, coinciden precisamente en el hecho de producir desintegración del modo habitual de vida. Entran en un estado de tensión las expectativas ordinarias de los que experimentan un súbito descenso o una súbita elevación de sus circunstancias económicas. De ello se sigue una situación anómica, de falta de normativas morales.
Muchos de los problemas que Durkheim se planteó se derivaban de su preocupación por el debilitamiento de la moralidad común. El concepto de anomía revela claramente su preocupación por los problemas derivados del debilitamiento de la moralidad común. Los individuos se enfrentan a la anomía cuando la moral no les constriñe lo suficiente; es decir, cuando carecen de un concepto claro de lo que es una conducta apropiada y aceptable y de lo que no lo es”.
Para Durkheim, la «patología» central de las sociedades modernas es la división anómica del trabajo. Al considerar la anomía como una patología, expresaba su creencia en que los problemas del mundo moderno podían «remediarse». Durkheim creía que la división estructural del trabajo en la sociedad moderna era una fuente de cohesión que compensaba el debilitamiento de la moralidad colectiva. Sin embargo, su argumento subrayaba que la división del trabajo no podía enderezar plenamente la relajación de la moralidad común, a resultas de lo cual la anomía constituía una patología asociada con el nacimiento de la solidaridad orgánica. Los individuos también pueden sentirse aislados y abandonados en la realización de sus actividades altamente especializadas. Es fácil que dejen de percibir un vínculo común con los que trabajan y viven alrededor de ellos. Sin embargo, es importante recordar que Durkheim calificaba esta situación de anormal, porque sólo en circunstancias no normales la división moderna del trabajo relegaba a las personas a tareas y empleos aislados y carentes de sentido. (Ritzer, 235) El concepto de anomía no sólo se encuentra en La división del trabajo social, sino también en El Suicidio (Durkheim, 1897/1951) como una de las principales causas de suicidio. Así, como vimos, el suicidio anómico se produce debido al debilitamiento de la moralidad colectiva y a una regulación externa del individuo insuficiente para contener sus pasiones.




[1] [El conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio de los miembros de una misma sociedad, forma un sistema determinado que tiene vida propia: podemos llamarlo conciencia colectiva o común... Es, pues, algo completamente distinto a las conciencias particulares aunque sólo se realice en los individuos. (Durkheim, 1893/1964: 79-80)] La conciencia colectiva flota como un vacío, un tipo de absoluto indescriptible, y también está conectada con el resto del mundo por un substrato del que, consecuentemente, depende. Además, ¿de qué puede estar formado este substrato, si no es de los miembros de la sociedad combinados socialmente? (Durkheim, citado en Giddens, 1972: 159)
[2] Las representaciones colectivas hacen referencia a las normas y valores de colectividades específicas como la familia, la ocupación, el estado, y las instituciones educativas y religiosas. El concepto de representaciones colectivas puede utilizarse de manera tanto general como particular, pero lo más importante es que permitió a Durkheim conceptual izar los hechos sociales inmateriales de una manera más específica que con la noción de conciencia colectiva. Ahora bien, a pesar de su mayor especificidad, las representaciones colectivas no pueden reducirse al nivel de la conciencia individual. «Las representaciones colectivas resultan del substrato de los individuos asociados pero poseen características sui generis». El término latino sui generis significa «único». Cuando Durkheim utilizó este término para referirse a la estructura de las representaciones colectivas, lo que en realidad quería decir era que su carácter único no podía reducirse a la conciencia individual. Esto las sitúa firmemente en el reino de los hechos sociales inmateriales. Trascienden al individuo debido a que su existencia no depende de ningún individuo particular. Son también independientes de los individuos en el sentido de que su duración en el tiempo es mayor que la duración de la vida del individuo. Las representaciones colectivas constituyen el elemento central del sistema de hechos sociales inmateriales de Durkheim.
[3] Las corrientes sociales son hechos sociales inmateriales; son igualmente objetivas e influyen en igual grado sobre el individuo que los hechos sociales analizados más arriba, y, sin embargo, carecen de esa forma cristalizada. Durkheim puso como ejemplo «los grandes movimientos de las masas guiadas por el entusiasmo, la indignación o la piedad» (Durkheim, 1895/1964: 4). Aunque las corrientes sociales son menos concretas que otros hechos sociales, son, sin embargo, hechos sociales, como Durkheim explicó cuando señaló que «desde el exterior pueden influir en cualquiera de nosotros y nos pueden hacer perder el sentido o la calma sin que nosotros lo queramos» (1895/1964: 4).
[4] La importancia de los ideales y de la unidad moral en la continuidad de la sociedad (al ser sustituida la sociedad primitiva por formas más modernas, la base moral de la unidad no desaparece completamente).
[5] “La conciencia colectiva en los dos tipos de sociedad difiere en cuatro dimensiones: volumen, intensidad, rigidez y contenido. El volumen se refiere a la cantidad de gente que comparte una misma conciencia colectiva; la intensidad, al grado en que la sienten; la rigidez, a su nivel de definición; y el contenido, a la forma que adopta la conciencia colectiva en los dos tipos polares de sociedad. 

En una sociedad con solidaridad mecánica:
volumen: virtualmente la totalidad de la sociedad y de sus miembros comparten la misma conciencia colectiva;
Intensidad:  ésta se percibe con mucha intensidad (lo que se refleja en el uso de sanciones represivas cuando se comete una ofensa contra ella);
Rigidez: es extremadamente rígida; y
Contenido: su contenido es de índole religiosa.
En una sociedad con solidaridad orgánica
Volumen: la conciencia colectiva es menor y la comparte una cantidad de gente inferior;
Intensidad: se percibe con menor intensidad (lo que se refleja en la sustitución de las leyes penales por el derecho restitutivo);
Rigidez: no es demasiado rígida y su
Contenido: queda bien definido por la expresión «individualismo moral» porque la importancia del individuo se convierte en un precepto moral.” (Ritzer, 236)


2 comentarios:

  1. ME PARECE UN SUPER SUPER SUPER ARTICULO .FELICITACIONES MUY SINCERAS

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  2. QUE ARTICULO MAS INTERESANTE .MUY BIEN DOCUMENTADO ..FELICITACIONES SINCERAS DOCTOR DANIEL .

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